miércoles, 27 de agosto de 2008

tarde(s)

en Sils-Maria, a Peter Gast:

[...]El sol de agosto está sobre nosotros, el año corre, un silencio más grande, una paz más grande recomienzan sobre las montañas y en los bosques. En mi horizonte se levantan pensamientos que nunca había visto, ¡no los dejaré traslucir y me mantendré en el seno de una calma impasible! ¡Ah, mi amigo, a veces me atraviesa la sensación de que después de todo vivo un vida tan peligrosa porque soy de esa clase de maquinas que pueden EXPLOTAR! La intensidad de lo que siento me da escalofríos y risa -ya me pasó muchas veces no poder dejar la habitación, bajo el pretexto risible de que mis ojos estaban inflamados, ¿de qué? El día anterior a cada una de esas oportunidades, durante mis vagabundeos, lloraba demasiado, no lágrimas sentimentales, sino de alegría: y en medio del llanto, cantaba y profería cosas absurdas...

[...]A fin de cuentas -si no pusiera tanta fuerza en mí mismo, si necesitara esperar la aprobación, el ánimo, el consuelo de afuera, ¡dónde estaría! ¡Quién sería!... En adelante, yo no espero nada y [...] lo que se me dice es respetable y condescendiente, pero distante, distante, distante...

tarde(s)

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