Ayer, fuí madre (o estuve a punto de serlo)
estaba dormida, pero eso no importa
sentía todo, todo....que es lo más importante.
en realidad no se cual es el total de sentimientos que se tienen cuando una es o será madre
pero ese momento fue uno de aquellos en los que el cuerpo y la menten condensan y en un punto imaginario ubican lo que podriamos describir como totalidad del mundo.
En menos de un segundo para mi se fusionaron las vagas ideas que siempre tuve sobre lo finito y lo infinito, por otro lado, es una lástima que casi haya olvidado por completo lo primero que sentí
desperté nerviosa y sudando, yo sabia que algo completamente diferente a las cosas que pueden asustarme me había puesto en ese estado.
Si mi piel de gallina hubiera podido hablar seguramente habría gritado.
intente reconstruir algunos hechos, fue inútil
todo estaba consumado, sí... no habia marcha atrás
me enteraba y ni siquiera sabía cómo (por lo tanto estaba descartada la posibilidad de apelar al menos a la terquedad para negarlo)
Si hubiera sido una celula, me imagino como en el momento en que ya no se tiene control sobre las funciones internas,
solo se desplaza, se destruye (qué hacen las celulas? no lo se bien, pero supongo que nada muy eficiente como para revertir un proceso así en marcha, irreversible)
como yo ahi dentro de ese sueño
nunca antes había confiado tanto en mi materialidad
la celula de mí misma, buscando posibles soluciones, todas imposibles...
esto debe llamarse el terror del no poder
tan enorme
que (de nuevo juro que) hasta la piel se rebela e intenta gritar.
miércoles, 19 de mayo de 2010
comparto el susto
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